Los hijos e hijas del femicidio, los huérfanos de la violencia, las víctimas colaterales -de la forma que se les nombre-; ellos y ellas son ahora un eslabón de la cadena de violencia que día a día limita la vida de las guatemaltecas, principalmente de las que se encuentran en edad fértil. Morir por el solo hecho de ser mujer se ha convertido en una constante en este país. Tanto así que 20 es el número de mujeres que han ingresado a la morgue desde que inició el año.seguir leyendo en Adital
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